LA LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO ESTÁ PERDIDA
15 AÑOS DEL PLAN COLOMBIA
Por: Eduardo Romo Rosero
Corría el año 1987 y en mi condición de Suplente del ilustre Senador de la República Laureano Alberto Arellano, me correspondió asistir al Congreso por el término de seis meses. Como primiparo lleno de ilusiones y con un paquete de diez proyectos de Ley, llegué pensando que obtener su aprobación era como soplar y hacer botellas.
En una “Carta Abierta” fechada el 14 de Febrero de 1987, que contenía 23 puntos, en el décimo séptimo, proponía la legalización de la cocaína y la marihuana, con el único fin de despojar del VALOR ECONOMICO a las drogas y suministrar a través de los puestos de salud de todo el país los narcóticos a los adictos y acabar de una vez por todas con este cáncer que corroe las entrañas de la Patria.
Uno de los Presidentes de aquella época, se decía pocos días después, que se reunió con los Jefes de los Carteles en Panamá, con el fin de llegar a un acuerdo y terminar definitivamente con el comercio de estas sustancias, probable reunión que fué motivo de gran escándalo. Se decía también que los jefes del narcotráfico ofrecían pagar la deuda externa, a cambio de la No Extradición y otras concesiones que desconozco.
La carta abierta que yo distribuí en la Cámara y el Senado, causó gran revuelo, hasta el punto, que mi Jefe el Dr. Arellano, me llamó desde Cali muy preocupado, llamando severamente mi atención.
A la siguiente semana, El Honorable Senador Arellano, junto con algunos miembros de la Comisión Séptima, escucharon pacientemente mi exposición y fundamentos de la descabellada propuesta.
Inicié diciendo, que la función esencial de los integrantes del Congreso de la Republica, era la de legislar, su tarea, la de ofrecer soluciones, anticipándose a la historia y sus innumerables problemas, tratando de preveer lo imprevisible, en bien del futuro de Colombia.
La iniciativa consistía en sentarnos a dialogar con los Jefes del Narcotráfico y proponer acabar con el cultivo y comercio de la droga. A cambio les ofreceríamos la No Extradición, legalizar sus bienes, legalizar la droga para quitarles el valor económico. Y ellos se comprometerían a no sembrar ni procesar la coca; y como contraprestación, los Jefes de los Carteles, nos entregarían al Estado Colombiano CIEN MIL MILLONES DE DOLARES, como una forma de indemnización por los daños ocasionados.
Veamos con juicio todos los beneficios que hubiéramos obtenido:
Sin valor la droga, hubiéramos terminado ésta guerra absurda, acabada la venta y consumo de coca y marihuana, hubiéramos salvado la vida de miles de nuestros policías, militares y civiles; ahorrado millones y millones de pesos, que bien se hubieran podido invertir en otras áreas de la vida económica del país.
Hubiéramos evitado la destrucción de miles de hogares que viven la tragedia de tener un hijo o un familiar drogadicto. Y hubiéramos evitado la corrupción que años mas tarde se propagó como peste por todo el país, tal y como lo estamos viviendo.
Y con los CIEN MIL MILLONES DE DOLARES, hubiéramos transformado Colombia. Una casa para cada Colombiano, hospitales y puestos de salud en todas las ciudades;
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construcción de carreteras, acueductos, escuelas, colegios y universidades. Empresas industriales, aeropuertos y puertos. En otras palabras hubiéramos cambiado el destino de Colombia.
Uno de los integrantes de la Comisión, me increpó y dijo: Eso que propone es INMORAL, Permítanme, les dije, hacer un resumen de la MORAL de la que usted me habla y de cómo algunos países aplicaron esa “DOBLE MORAL”.
La Gran Bretaña en 1839 y 1842 armó una guerra con China que se llamó “ La Guerra del Opio”, para apoderarse del negocio de este narcótico, y durante la conquista de América, firmó contratos con España para cazar en África y proveer de esclavos destinados a trabajos duros en las Colonias. La Realeza Británica, expidió patentes de Corzo a piratas reconocidos para asaltar buques en altamar, apoderarse y repartir el botín. Los imperios Francés, Belga, Alemán, Inglese, Portugués y Español, construyeron sus países, sus palacios, carreteras, universidades y museos, a punta de explotar sus colonias en África, Asia, los países Árabes y las Américas ¿Esa es la moral de la que hablamos?
En el caso que nos ocupa, estoy hablando de parar la guerra; de evitar la proliferación de drogadictos, salvar a nuestros niños, dejar de cultivar coca, salvar la vida de soldados y policías, ahorrar millones en una lucha que la tenemos perdida.
En aquella reunión con la Comisión Séptima, fui severamente reprendido; se me prohibió hablar de ese TEMA TABU, como era considerado en ese momento y allí mi iniciativa tuvo entierro de tercera categoría.
PERO VEAMOS QUE HA OCURRIDO 28 AÑOS DESPUES:
Los señores de la droga, unos muertos, otros prisioneros en Estados Unidos, pero los herederos de los Carteles brotaron como hierba mala por todo el país. Hemos perdido miles de policías, militares y civiles, Junto con el dinero del Plan Colombia, dólares de USA y el presupuesto de 28 años de dinero de nuestros contribuyentes, gastados infructuosamente en una lucha perdida. El dinero corrompió una gran parte de las instituciones del Estado.
Se creó en Colombia una cultura del dinero fácil y enriquecimiento ilícito. Se incrementó la cultura del SICARIATO. Hoy por hoy todo asunto se arregla matando por contrato. La vida que era sagrada, hoy es objeto de comercio. Cientos de miles de hogares se sumieron en el dolor y la tragedia, sus hijos o familiares son drogadictos. Nos pudo más la tentación del dinero, nos dañó el corazón y le vendimos el alma al diablo por los dólares y el cáncer moral en Colombia, nos devora, “todo es negociable, hasta la vida”.
Las calles del país se llenaron de “zombis”, drogadictos, que deambulan buscando a quien matar para comprar la droga o rebuscando comida en las canecas de la basura. El microtrafico en las calles o a las puertas de los colegios vinculando niños, para engrosar las filas de la muerte.
Acaso los vendedores de la droga, el bazuco o la heroína se han puesto a pensar un minuto en el dolor, las lagrimas y la tragedia de una pobre madre al ver a su hijo tirado en un andén enloquecidos por los narcóticos, viviendo en las cuevas del común como ocurre en Pasto, y en todas las ciudades del país o bajo los puentes. Que cuadro desolador, triste y dantesco.
Los árboles de los campos de Colombia desaparecieron para dar espacio al cultivo de la coca y la marihuana, los ricos campos de la agricultura que producían alimentos, fueron reemplazados por la coca, al fin y al cabo un kilo de papas vale $ 2.000 y un kilo de coca, en las calles de Manhatan (Nueva Cork), vale US $ 35.000 dólares.
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En el año 2015, Estados Unidos suspendió el dinero del Plan Colombia, destinado a la lucha contra el Narcotráfico. Las fumigaciones con Glifosato fueron suspendidas, el país está invadido con cultivos ilícitos HEMOS PERDIDO LA BATALLA.
Si en 1987, el Gobierno y el Congreso, hubieran legalizado las drogas, es decir quitado el valor a los estupefacientes, Colombia fuera otro país. En el Tabú de la prohibición y el altísimo valor de las drogas, ALLÍ ESTÁ EL VENENO.
Pero aún con todo lo negativo que hemos relatado, todavía queda tiempo para salvar el país de la catástrofe.
Propongo ante la opinión Colombiana:
- Legalizar las drogas.
- Lanzar una Campaña agresiva por T.V., para crear conciencia del daño; mostrando el rostro transfigurado de un drogadicto y con una Leyenda que diga: ¿QUIEN HIZO ESTO?
Por ultimo algo para reflexionar a los señores Alcaldes y Gobernadores:
¿Qué vamos a hacer con los cientos de miles de drogadictos que deambulan en las calles de Colombia?
Son seres humanos, hijos de Dios, sus padres sufren al verlos destruidos durmiendo en las calles y debajo de los puentes.
Yo propongo construir albergues en las afueras de la ciudad. Construcciones sencillas, cuatro muros, un techo, camas en cemento y ladrillo con colchonetas, baños de huellas y duchas. En otras palabras un lugar para dormir en nombre de la caridad cristiana. Una fundación para que recoja ropa y algo de comida y a tratar de convivir con ese flagelo, “creación de los hijos malos de la patria”.
Hasta pronto señores.
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